La experiencia de India con UPI, una de las infraestructuras de pagos digitales de mayor escala a nivel global, dejó una serie de lecciones para Perú y Latinoamérica: la tecnología es solo una parte de la ecuación y la adopción masiva depende de la colaboración entre bancos, fintech, empresas, reguladores y usuarios.
Así lo explicó Maria Francis, Head Business Development Americas Region de NPCI International, durante la conferencia “La India y el modelo UPI: Lecciones para los pagos digitales en LATAM”, realizada en el marco del II Foro Internacional Payments Innovation – Perú 2026, organizado por Perú Payments Association.
Francis fue parte del equipo fundador de producto de UPI y posteriormente se incorporó a NPCI International. Desde esa experiencia, destacó que el principal aprendizaje para mercados como Perú no consiste en replicar exactamente el modelo indio, sino en entender los factores que permitieron que UPI pasara de ser una infraestructura tecnológica a convertirse en una herramienta de uso cotidiano.
Primero estabilidad, luego escala e innovación
Uno de los principales mensajes de Francis fue que una nueva infraestructura de pagos no necesita comenzar con todas sus funcionalidades disponibles. En India, UPI fue lanzado en 2016 y las siguientes funcionalidades fueron incorporándose después de un periodo de estabilización.
“Debemos empezar a tomar los primeros pasos”, señaló al recordar la experiencia india. La recomendación para Perú es priorizar una infraestructura estable, segura y confiable antes de acelerar el desarrollo de nuevos casos de uso.
Esta secuencia puede resumirse en tres etapas: estabilidad, escala e innovación. Primero se necesita garantizar que las operaciones básicas funcionen correctamente; posteriormente, conseguir que un número creciente de personas y comercios utilice la plataforma; y, sobre esa base, desarrollar nuevas soluciones.
Para Francis, esperar a tener un sistema perfecto antes de avanzar puede ralentizar la transformación. En cambio, planteó una estrategia de pilotear, aprender, mejorar y desarrollar de manera progresiva.
La segunda gran lección está relacionada con los usos que permiten alcanzar escala. Las transferencias entre personas —P2P— pueden impulsar la adopción inicial, pero tienen un límite en la frecuencia con que una persona necesita enviar dinero a otra.
Por ello, la experiencia de India muestra la importancia de llevar los pagos digitales hacia operaciones cotidianas: servicios, pagos al Gobierno, comercios, pequeños negocios y transacciones de bajo valor.
En este punto, los códigos QR pueden jugar un papel relevante. Francis destacó que los pequeños comerciantes pueden convertirse en un punto de entrada para los pagos digitales, al contar con mecanismos sencillos para recibir dinero sin que sea necesario desarrollar soluciones complejas.
La lógica es que el pago digital deje de ser una alternativa que el usuario utiliza ocasionalmente y se convierta en parte de su vida diaria. En India, explicó, UPI pasó a estar presente desde pequeños comercios hasta supermercados.
Este enfoque resulta especialmente relevante para Perú en un momento en que el uso de pagos digitales viene creciendo y el efectivo pierde participación en las transacciones cotidianas. La oportunidad, de acuerdo con la experiencia presentada por Francis, está en seguir ampliando los puntos y situaciones en los que una persona puede utilizar una infraestructura de pagos digitales.

Un ecosistema antes que una plataforma
Para Francis, sin embargo, la tecnología no es el principal factor que explica el éxito de UPI. La infraestructura puede funcionar técnicamente, pero necesita un ecosistema preparado para utilizarla.
“UPI es una hermosa orquesta de diferentes participantes que se unen”, explicó. En esa orquesta participan reguladores, bancos, fintech, proveedores de aplicaciones y otros actores que deben coordinarse para que el sistema alcance escala.
Este punto también adquiere relevancia cuando se habla de seguridad y fraude. La ejecutiva sostuvo que ningún participante puede enfrentar estos riesgos de manera aislada y planteó la necesidad de crear mecanismos de colaboración entre especialistas de las distintas instituciones.
El intercambio de información sobre patrones de fraude y alertas, así como campañas de educación dirigidas a los usuarios, son parte de esta responsabilidad compartida. La confianza, sostuvo, es una condición indispensable para que los consumidores incorporen una nueva forma de pago.
La inclusión financiera es otro componente de esta estrategia. La visión planteada por Francis para Perú es que una persona que tenga un teléfono pueda acceder a una infraestructura de pagos digitales. Para conseguirlo, no basta con construir la plataforma: también es necesario que existan fuentes de fondos y mecanismos que permitan incorporar a quienes todavía no tienen acceso a una cuenta o a otros servicios financieros.
Por ello, la expansión de los pagos digitales debe considerar también servicios y operaciones que tengan utilidad concreta para la población, como el pago de facturas, servicios públicos y otras obligaciones recurrentes.
La experiencia india deja así una conclusión para Perú: la masificación de los pagos digitales no depende solamente de construir una buena plataforma, sino de conseguir que todo el ecosistema esté preparado para utilizarla, integrarla y generar nuevos casos de uso.
Francis recomendó, además, que durante las primeras etapas los actores se concentren más en colaborar que en competir. La creación de una infraestructura común puede ampliar el mercado para todos los participantes, en lugar de limitarse a reemplazar un medio de pago existente por otro.
Para Perú y otros países de Latinoamérica, el desafío será adaptar estas lecciones a sus propias condiciones regulatorias, financieras y comerciales. UPI puede servir como referencia, pero su experiencia apunta a una idea más amplia: los pagos digitales alcanzan verdadera escala cuando dejan de ser solamente una innovación tecnológica y se convierten en una infraestructura utilizada de manera habitual por personas y empresas.
