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Pagos digitales transforman el consumo y elevan la competencia en Perú

La expansión de los pagos digitales está modificando los hábitos de los consumidores, la relación de los negocios con sus clientes y la competencia dentro del sistema financiero, con efectos que también podrían extenderse a la productividad y la informalidad en América Latina.

Así lo señaló José Carlos Saavedra, economista principal de APOYO Consultoría, durante su exposición “¿Cómo impacta la digitalización de pagos en los consumidores y negocios de LATAM?”, realizada en el marco del II Foro Internacional Payments Innovation – Perú 2026, organizado por Perú Payments Association.

Saavedra destacó que el cambio no consiste únicamente en pasar del efectivo a medios digitales. El sistema de pagos está transitando de esquemas cerrados hacia redes abiertas e interoperables, mientras que la información asociada a las transacciones adquiere un papel cada vez más relevante para generar competencia, personalizar servicios y atender nuevos segmentos.

Más consumo y acceso financiero

Para los consumidores, la adopción de medios de pago digitales está cambiando la relación cotidiana con comercios y servicios financieros. Según la evidencia presentada por Saavedra, quienes utilizan billeteras digitales tienden a gastar más que consumidores comparables que no las utilizan. En Perú, la diferencia llega a unos S/60 adicionales y, en términos generales, el gasto es alrededor de 10% mayor.

El efecto es particularmente visible en categorías como alimentos, restaurantes, transporte y otros gastos de consumo cotidiano. Saavedra explicó que este impacto también parece aumentar conforme se desarrolla el ecosistema, un fenómeno asociado a las llamadas economías de red.

La digitalización también está vinculada con una mayor percepción de seguridad y conveniencia. En América Latina, más de 59% de los adultos prefiere pagar digitalmente, de acuerdo con los datos citados durante la presentación. Entre los beneficios que los consumidores identifican aparecen el ahorro de tiempo, la facilidad para planificar los gastos y la posibilidad de separar el dinero según distintos objetivos.

Otro efecto relevante es el acceso al crédito. Saavedra señaló que la utilización de billeteras digitales y sistemas de pagos digitales está asociada con un mayor acceso a financiamiento, especialmente para créditos de bajo monto. En Perú y Brasil, según la evidencia mostrada, los niveles de acceso vinculados con estos servicios se han multiplicado de manera importante desde 2019.

Para los negocios, la digitalización también dejó de ser únicamente una herramienta adicional de cobro. Los clientes que pagan digitalmente se están convirtiendo en una ventaja competitiva y, en algunos casos, en una condición necesaria para no perder ventas. Saavedra citó encuestas en las que los comercios identifican entre los principales beneficios una mayor venta, conveniencia, seguridad y un mejor manejo de sus cuentas.

Esta transformación también está ampliando el alcance del comercio digital. El crecimiento de las ventas a través de plataformas y canales como WhatsApp, Instagram o Messenger muestra que los pagos digitales se están integrando cada vez más con nuevas formas de comercialización.

A nivel del sistema financiero, la llegada de nuevos actores está modificando la estructura competitiva. Las entidades digitales pueden operar con costos menores que los jugadores tradicionales y competir mediante nuevos modelos de atención, productos y utilización de datos. Esto genera presión sobre precios y márgenes, pero también plantea nuevos desafíos regulatorios y de gestión de riesgos.

El impacto puede trascender al sistema financiero. Saavedra sostuvo que una mayor adopción de pagos digitales podría favorecer la productividad, la especialización y una mejor capacidad de implementar sistemas de protección social. También existe una expectativa de que contribuya a reducir la informalidad, aunque el efecto dependerá de cómo evolucione el ecosistema y de las políticas que lo acompañen.

El reto, según el economista, será acompañar esta expansión con una regulación capaz de mantener la confianza y controlar nuevos riesgos, especialmente ante el uso creciente de datos y la entrada de más participantes. Una mayor competencia puede generar beneficios para consumidores y empresas, pero requiere reglas que garanticen seguridad y un uso adecuado de la información.

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