El sistema financiero peruano enfrenta un desafío estructural: de cada siete peruanos, solo uno tiene tarjeta de crédito. Así lo revela el más reciente análisis de Equifax-Infocorp sobre una base de 33.1 millones de personas, en el que el 85.8% no cuenta con este producto.
El dato más relevante no es la cifra en sí, sino lo que la explica: una estructura laboral que hace casi imposible evaluar la capacidad de pago de millones de personas que sí generan ingresos y participan activamente en la economía.
El problema es la visibilidad
Del total, el 38.7% no registra una condición laboral definida y un 14.5% adicional son trabajadores independientes sin cobertura de salud, perfiles con baja o nula trazabilidad de ingresos. Solo el 36.3% corresponde a trabajadores dependientes, el segmento que las entidades financieras pueden evaluar con mayor facilidad.
«Cuando no hay información clara sobre ingresos o estabilidad laboral, las entidades enfrentan mayores dificultades para evaluar el riesgo», señala María Chirinos, Gerente del Canal Personas de Equifax-Infocorp.
Esto significa que más de la mitad de la base analizada queda fuera del radar crediticio no necesariamente por ser insolvente, sino por ser invisible al sistema.
Quienes acceden, lo hacen de forma desigual
Entre el 14.2% que sí tiene al menos una tarjeta, las diferencias son marcadas. El segmento más numeroso, el 7.9% del total, tiene una sola tarjeta y registra un uso promedio cercano a S/ 1,600, con una línea disponible no utilizada de alrededor de S/ 5,600.
En el extremo opuesto, quienes tienen más de cinco tarjetas superan los S/ 21,000 de uso promedio y cuentan con más de S/ 95,000 de línea disponible sin utilizar. La brecha no es solo de acceso, es de capacidad de financiamiento.
Una base que no es predominantemente joven
El perfil por edades desmonta un lugar común. El grupo más grande de la base analizada corresponde a personas de entre 31 y 45 años (25.8%), seguido por los mayores de 66 años (22.4%). Esto indica que la exclusión financiera no se concentra en jóvenes sin historial, sino que atraviesa rangos etarios con trayectoria económica activa.
«Hay personas que generan ingresos y participan activamente en la economía, pero que todavía no logran integrarse plenamente al sistema financiero», apunta Chirinos.
El verdadero reto
Los datos apuntan a un desafío estructural: ampliar la oferta de crédito no es suficiente sin mecanismos de evaluación más amplios. El reto está en incorporar nuevas fuentes de información que permitan identificar y calificar a quienes hoy quedan fuera del sistema formal.
