La playa Agua Dulce, en el distrito de Chorrillos, es uno de los balnearios más visitados de la Costa Verde, recibiendo cada fin de semana a decenas de miles de personas durante la temporada de verano. Su cierre el próximo domingo 15 de febrero por decisión municipal debido a contaminación y desorden, ha sido reportado recientemente en medios locales, lo que ha generado preocupación por sus posibles efectos económicos.
Los ingresos asociados al turismo de playa, incluso en contextos urbanos, no se limitan al disfrute del mar. El turismo costero genera un efecto multiplicador: el gasto directo de los visitantes en transporte, alimentos, bebidas, servicios y actividades recreativas circula dentro de la economía local y beneficia a múltiples sectores productivos. Estudios internacionales muestran que este impacto puede extenderse a sectores como la hostelería, el comercio minorista, transporte y servicios auxiliares, ampliando así los ingresos y empleo más allá de los puntos de llegada del turista.
Un cierre temporal o prolongado de la playa Agua Dulce implicaría, en primer lugar, la reducción drástica de la afluencia de visitantes y por ende del gasto asociado directo en el balneario. Según reportes policiales y municipales, más de 80 000 personas llegan cada fin de semana a las playas limeñas, entre ellas Agua Dulce, representando un aumento significativo respecto a temporadas anteriores. Esta reducción en la llegada de veraneantes se traduciría en menores ventas para los negocios informales (venta de alimentos, bebidas, artesanías) y formales (restaurantes, estacionamientos, transporte), muchos de ellos con economías de subsistencia que dependen fuertemente de la temporada alta.
Además, el cierre afectará el empleo local. Muchos habitantes de Chorrillos y distritos cercanos trabajan de manera directa o indirecta en actividades vinculadas al uso de esta playa —desde ventas ambulantes hasta pequeños servicios de guía o entretenimiento— que verían una caída en su volumen de trabajo y, por ende, en sus ingresos. La literatura sobre el impacto económico del turismo costero indica que la interrupción de actividades turísticas puede afectar tanto los ingresos fiscales locales como la capacidad de generación de empleo formal e informal, provocando presiones adicionales en servicios públicos y redes de seguridad social.
El efecto se extendería, también, a servicios públicos y privados vinculados al turismo. Menos visitantes significa, por ejemplo, menores ingresos por impuestos indirectos que utilizan las municipalidades para financiamiento de servicios y mantenimiento urbano. A nivel privado, locales gastronómicos y de recreación disminuirían su facturación, posiblemente desencadenando ajustes temporales de personal o, en casos extremos, cierres parciales de negocios que ya operan con márgenes ajustados.
Los efectos negativos experimentados en otros destinos costeros ilustran las dimensiones de este tipo de impacto. Por ejemplo, el cierre temporal de destinos turísticos importantes como la isla de Boracay en Filipinas llevó a pérdidas económicas millonarias, con cancelaciones de reservas y reducciones drásticas de empleos ligados al sector, subrayando cómo la pérdida de acceso a playas puede tener repercusiones económicas profundas en las comunidades locales.
Otra dimensión a considerar es el impacto indirecto en la percepción de seguridad y atractivo turístico de la zona. Problemas como el desorden, la congestión vehicular y los robos reportados en la zona —que ya afectan la experiencia de los visitantes— pueden reducir aún más la intención de visitar la playa si se percibe que su cierre es probable o recurrente. Esto tiene potencial para disuadir visitas incluso después de que un cierre temporal termine, prolongando las pérdidas económicas más allá de la duración de la medida.
Finalmente, el cierre de Agua Dulce podría forzar una redistribución de veraneantes hacia otros destinos de playa en Lima o en regiones cercanas, con consecuencias mixtas para la economía local: mientras algunos negocios en otros puntos pueden beneficiarse de esta migración de turistas, la pérdida neta de actividad económica en Chorrillos sería significativa si no se acompaña de políticas públicas para gestionar esta transición y mitigar las pérdidas.
En suma, aunque no existen cifras oficiales precisas sobre las pérdidas económicas que generaría el cierre de Agua Dulce, la evidencia académica y comparada sugiere que una interrupción prolongada de acceso a esta playa podría afectar seriamente los ingresos, el empleo y la actividad económica local, con efectos que se propagarían a diversos sectores vinculados al turismo costero.
