La transición energética en América Latina abre una oportunidad económica clave para Perú, especialmente por su peso en minerales críticos, energía e infraestructura, según la nueva serie de 12 documentos de trabajo publicada por el Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico (CECHAP) de la Universidad del Pacífico junto con Boston University. El proyecto pone especial énfasis en cómo la presencia de China puede influir en la transformación productiva de la región.
En el caso peruano, uno de los estudios centrales aborda la gobernanza socioambiental e inversiones chinas, un tema especialmente sensible por la posición del país en cadenas globales ligadas a cobre, litio, electromovilidad y energías renovables. El informe advierte que el reto no es solo atraer capital, sino convertir esa inversión en desarrollo local, valor agregado y empleo de mayor sofisticación.
Desde una mirada económica, la serie plantea que Perú y la región deben evitar repetir el patrón extractivo tradicional. La clave está en pasar de exportar solo minerales a integrarse en cadenas de valor más amplias, vinculadas a manufactura, baterías, infraestructura eléctrica y servicios tecnológicos asociados a la transición energética.
El desafío económico: de recursos a industria
Uno de los hallazgos más relevantes para Perú es que la transición energética puede convertirse en un motor de diversificación productiva, siempre que existan marcos regulatorios sólidos, coordinación público-privada y políticas industriales que aprovechen la demanda global impulsada por China y otras potencias.
El documento sobre Perú también pone foco en la gobernanza socioambiental, un aspecto que impacta directamente en costos, licencias sociales y viabilidad de proyectos minero-energéticos. Sin mejoras en este frente, el país corre el riesgo de perder competitividad frente a otros mercados de la región que avanzan más rápido en estándares ESG y articulación territorial.
Para la economía peruana, el mensaje es claro: la transición energética no debe verse solo como una ventana para exportar más cobre, sino como una posibilidad de escalar hacia nuevas industrias, atraer tecnología, fortalecer cadenas regionales y elevar productividad, en un contexto global donde China seguirá siendo un actor decisivo.
