La congestión vehicular en Lima Metropolitana y el Callao se ha convertido en un problema estructural con fuertes repercusiones económicas. De acuerdo con la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN), el tráfico genera pérdidas anuales estimadas en S/ 27,691 millones, una cifra que equivale aproximadamente al 2.6 % del Producto Bruto Interno (PBI) del país, considerando costos de tiempo, combustible, contaminación y accidentes.
Uno de los principales factores de este impacto es el tiempo perdido en los desplazamientos diarios. Según el mismo informe de AFIN, los limeños pasan en promedio 198 horas al año atrapados en el tráfico, lo que representa una reducción significativa de horas potencialmente productivas, especialmente en una ciudad donde gran parte del empleo depende de la presencialidad y de traslados prolongados.
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) también ha advertido sobre este problema. En su Reporte de Inflación, la entidad estimó que el costo económico del tráfico en Lima bordea los S/ 20,000 millones anuales, al considerar el valor económico del tiempo perdido por los ciudadanos y el gasto adicional en combustible, afectando tanto a trabajadores como a empresas.
El impacto del tráfico se extiende al ámbito empresarial y logístico. AFIN señala que la congestión retrasa el transporte de carga y encarece la distribución de bienes, elevando los costos operativos de sectores clave como el comercio, la industria y los servicios. Esta situación reduce la competitividad de Lima frente a otras capitales de la región con sistemas de transporte más eficientes.
A ello se suman los costos ambientales y de salud. De acuerdo con AFIN, la congestión vehicular en Lima y Callao genera alrededor de 2.6 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) al año, lo que contribuye al deterioro de la calidad del aire y aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias, con un impacto indirecto en el gasto público en salud.
Desde una perspectiva social, el tráfico también profundiza las desigualdades urbanas. El Banco Mundial ha señalado que los ciudadanos de menores ingresos suelen vivir más lejos de los centros de trabajo y pasan más tiempo en el transporte, lo que limita su acceso a oportunidades laborales y educativas, y reduce su calidad de vida.
Frente a este escenario, el Banco Mundial aprobó en 2024 un financiamiento de US$ 150 millones para apoyar la modernización de la gestión del tráfico en Lima, incluyendo semáforos inteligentes y mejor planificación urbana. Según el organismo internacional, mejorar la movilidad no solo reduciría la congestión, sino que tendría un impacto directo en la productividad y el crecimiento económico de la capital.
