El incremento en los precios del gas licuado de petróleo (GLP) y del balón de gas doméstico se ha convertido en una nueva preocupación económica para miles de familias y trabajadores del transporte en Perú. La reciente crisis en el suministro de gas natural ha generado presiones sobre el mercado energético, elevando los costos de combustibles alternativos utilizados tanto en hogares como en vehículos.
En el caso de los hogares, el precio del balón de gas de 10 kilos —uno de los principales combustibles para cocinar— muestra una amplia variación según la zona y el distribuidor. En Lima, por ejemplo, el costo puede ubicarse aproximadamente entre S/31,50 y S/69, dependiendo del punto de venta, de acuerdo con registros de monitoreo de precios de combustibles.
El aumento responde, en parte, a tensiones en el sistema energético y a cambios en el mercado de combustibles. En Perú, el GLP envasado es uno de los energéticos más utilizados en el ámbito doméstico, por lo que cualquier incremento impacta directamente en el gasto mensual de los hogares. Para mitigar este efecto en sectores vulnerables, el Estado mantiene programas como el vale del Fondo de Inclusión Social Energético (FISE), que otorga descuentos para la compra del balón de gas.
Sin embargo, el impacto económico también alcanza al transporte. Los taxistas y conductores que operan con GLP o gas natural vehicular (GNV) enfrentan mayores costos operativos debido a las restricciones en el suministro de gas natural y al encarecimiento de combustibles sustitutos. Según reportes periodísticos, algunos conductores han tenido que cambiar temporalmente a gasolina, lo que puede elevar considerablemente su gasto diario.
La situación se ha vuelto especialmente crítica para los taxis que operaban con GNV, considerado uno de los combustibles más baratos del mercado. Con las restricciones de abastecimiento, muchos conductores han tenido que migrar a gasolina o GLP, lo que ha multiplicado sus costos diarios de combustible y reduce sus márgenes de ganancia.
Este escenario ocurre en un contexto en el que el transporte a gas ha crecido significativamente en el país. El sector automotor representa cerca del 35% de la demanda total de GLP en Perú, impulsado principalmente por el alto costo de la gasolina y el diésel.
Economistas advierten que el encarecimiento del gas puede tener efectos más amplios en la economía. Si los costos de combustible continúan subiendo, el impacto podría trasladarse a tarifas de transporte, precios de alimentos y servicios, generando presiones inflacionarias que afectarían tanto a los hogares como a las actividades productivas del país.
